martes, 24 de diciembre de 2013

Capítulo 17


*Narra Hugo*

-          ¿Hugo que narices acabas de hacer? Déjame. - Aixa empezó a resistirse. Por lo que me paro, me giro y la cargo encima de mi hombro.

-          Quédate quieta.

-          Bájame por favor, tenemos que volver…

Empecé a correr con ella cargada al hombro. No podía ir muy ágil, pero era más rápido que andar.

No la solté hasta que entramos en casa, y cuando la dejé en el suelo me aseguré de que todas las puertas estaban cerradas con llave para que Aixa no pudiera huír otra vez. Fui hasta el baño y cogí el botiquín para curarle a Aixa lo que fuera que le había hecho ese chico.

*Narra Aixa*

No. Esto no puede estar pasando. Todo era perfecto hasta que llegó Hugo y lo derribó. Espero que esté bien, sino mataré a mi hermano. Y es que lo peor es que no sé a que ha venido la actitud de Hugo.

No sé donde se ha metido a todo esto. Acaba de volver y trae consigo el botiquín. ¿El botiquín? ¿Para que traerá el botiquín…?

No puede ser. ¿Todo ha sido por eso?

``(Minutos antes…)

Llevamos paseando un buen rato y ya estoy cansada. Hemos pasado un gran rato juntos despues de superar la timidez inicial.

-          Ay- acababa de apoyarme en un árbol y siento algo clavándoseme en la carne del brazo.

-          ¿Qué pasa Aixa?- Nathan se acercó a mi y comprobo que había una astilla profundamente internada en la carne. Puso una cara extraña.

-          ¿Es grave?

-          Está muy profunda, no la puedo sacar con la mano, puede dolerte un poco, pero tengo que hacerlo con una pequeña navajita…

-          Haz lo que tengas que hacer, pero sácala, duele mucho…´´

Nathan se pusó a hacerlo y entre el dolor de la astilla y la ``navajita´´, de vez en cuando se me escapaba un alarido. Y eso debió de ser lo que alertó a mi hermano, por que salía sangre.

Hugo se acercá a mí, me examina el brazo y me hace la cura. Cuando acaba me levantó y me voy a mi habitación. Ninguno de los dos ha dicho nada desde que salimos del bosque. Y la verdad no quería hablar con él despues de lo que había hecho.

Cogí una chaqueta y decidí salir al porche. Pero me encontré la puerta cerrada. No me acordaba de que Hugo la había cerrado todas.

-          ¡HUGOOOOO! ¿DÓNDE ESTÁS?

-          Detrás de ti

Me giré y lo vi observándome.

-          Quiero salir a sentarme.

-          Pues no va a poder ser.

-          Por favor, sal tú conmigo, necesito aire.

-          Supongo que vale.

Abrió la puerta y salimos los dos al jardín. Él se quedó sentado en el porche, mientras que yo me senté en la silla de plástico en la hierba. Justo antes de sentarme vi un sobre rojo con mi nombre.

`` Querida Aixa, esta tarde contigo, por muy breve que fuera, ha sido magnífica. Necesito verte otra vez, por muy dificil que sea…Nathan´´.

Capítulo 16


*Narra Nathan*

Espero haber escuchado bien, se acuerda de mí, no me olvidó. Tras decirlo se sonrojó, lo que le daba un aspecto angelical. Ansiaba estar más cerca de ella.

-          Bueno, yo….quería darte las gracias por haberme salvado la vida…- ahora me miraba directamente a los ojos.

Mierda. La culpa me carcomía por dentro. Si no fuera por mi no tendrías que haber estado en peligro. Me gustaría decirlo, pero no puedo, tendría que dar explicaciones muy largas que romperían este momento y eso haría que no la volviera a ver.

-          No hay de que…

Me mira y yo la miro, pero ninguno sabe que hacer. Decido seguir acercandome para volver a sentir  el roce de su piel.

*Narra Aixa*

Cada vez está más cerca y el corazón me va a mil. ¿Pero que me pasa?

Ya cerca de mi, me aparta de la cara un pelo que se había escapado de mi coleta y lo pone detrás de la oreja. Debe de ser el gesto más típico de las películas antes de un beso, lo más esperado…pero hace que me dé un vuelco el corazón. Creo que me he vuelto a sonrojar…

Él mismo corta el momento y pregunta:

-          ¿Te apetece dar un paseo?

-          Sería un placer.

Y echamos los dos a andar, uno al lado del otro, un poco incómodos los dos.

*Narra Hugo*

Examino el lugar y compruebo que hay unas marcas que atraviesan la hierba alta hacia el norte, y decido continuar por allí. Despues de un cuarto de hora siguiendo recto por el camino, oigo un grito.

Acelero y llego hastala voz y descubro que se trata de la voz de mi hermana. Está al lado de un chico y desde aquí miro su sangre. El chico esta de espaldas a mi, pero puedo ver el destello de un cuchillo. Aixa vuelve a gritar y yo no puedo controlarme. Llego hasta el chaval, lo agarro del brazo, le doy la vuelta y le asesto un golpe en la nariz y un rodillazo en el sitio que se que nos duele a los hombres. Se cae al suelo, agarro a mi hermana del brazo y la empiezo a arrastrar hasta casa.

Capítulo 15


*Narra Nathan*

Desde mi posición es imposible que me vea. Estoy ansioso por acercarme a ella, hacerlo bien esta vez. Pero no sé que es lo que me impide hacerlo, lo que me impide llevar mis pasos hacia ella. Tiene un aspecto angelical, se ha recuperado de todas las heridas.

No sé que hacer…

*Narra Aixa*

Hacía rato que había llegado al claro, pero no lo veía por ninguna parte.También, ¿en que estaba pensando? ¿Creía que iba a estar aquí esperándome así como si nada? Soy un tonta.

Doy vueltas a mí alrededor intentando vislumbrarlo entre los  árboles, buscando señales de él. Grito `` ¿Hola?´´ como si alguien me fuera a escuchar…Pero nada.

Finalmente asumo mi fracaso y me doy la vuelta para irme. Tengo que volver a casa, me siento culpable despues de haber engañado a Hugo, estará enfadado, lo mejor es volver.

Cuando empiezo a encaminarme al límite del claro, oigo una voz a mis espaldas:

-          No te vayas por favor…

Me giró y ahí está él. Ahí están esos ojos que me persiguen en sueños, esas manos que cuidaron mis heridas…Tiene el pelo oscuro y yo diría que necesita un corte por se le riza en las puntas y casi le tapa los ojos. No tiene la piel excesivamente morena, por lo que no ha estado bajo la exposición de la luz solar constantemente, lo que me hace pensar que no es un turista. De todas formas, si no es un turista, tiene que vivir aquí, y debe de tener más o menos mi edad, año arriba. Entonces… ¿Por qué no lo he visto en mi vida? Si lo hubiese visto me acordaría…Su constitución es fuerte, tiene unos brazos en los que seguro que puedes sentirte segura. Es alto, medirá sobre 1´80 o así.

 Es bastante atractivo, no tengo posibilidades con él… Bueno, aunque no lo sé, me estoy adelantando a los acontecimientos. ¿Qué me pasa? No puedo dejar de mirarle ni articular palabra. Debe pensar que soy tonta…

*Narra Nathan*

Estoy embobado delante de ella, la tengo a escasos cinco metros. Me está mirando de arriba a bajo pero no dice nada. Yo tampoco sé que decir. Por fin podía hablar con ella y no sabía que decirle.

*Narra Aixa*

- Hola…- al decirlo esbocé una sonrisa, que salió totalmente espontánea.

- Hola, ¿te acuerdas de mi?- mientras lo dijo dio dos pasos hacia mi, y al ver que yo no retrocedo, se fue acercando más salvando la distancia que nos separaba.

- Como si fuera posible olvidarte…- ¿pero como fui capaz de decir eso? Que vergüenza…

domingo, 22 de diciembre de 2013

Capítulo 14


*Narra Hugo*

No sé como puedo ser tan idiota. Cuando vi que Aixa subía las escaleras y se giró para sonreírme no sé, si me quedé en shock por el hecho de que me la había jugado con lo de mamá o porque era la primera vez que la veía feliz en meses.

Cuando salió de casa, desperté de mi inmovilidad, y fui hasta un espejo para ver el estado de la marca que decía mi hermana. Muevo la cabeza en todos los ángulos posibles para examinarme el cuello, y con asombro descubro que Aixa me había mentido.

Mierda.

He dejado que se escapé de casa. Sola. Sé que lleva sin estar sola semanas, y que estaba ansiosa por libertad pero no puedo dejar de sentirme culpable… ¿y si vuelve a pasarle algo?

Voy hasta el sofá a buscar mi móvil, y compruebo que tengo un mensaje de mi madre diciendo que cuide de mi hermana mientras ella pasa el día fuera.

Justo cuando acabo de leer el mensaje, suena el timbre. Voy hasta la puerta y me encuentro a Eric con un cargamento de chocolate.

-          Hola tío, he oido por ahí que el chocolate es bueno para la depresión, sé de alguien que hoy se va a alegrar mucho.- lo dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

Me aparté para dejarlo entrar y mientras me quedé pensando en lo raro que estaba desde la salida del hospital de mi hermana. Se comportaba como si estuviera enamorado de ella,y no estaba dispuesto a aceptar eso por muy amigo mío que sea.

-          ¿y tú preciosa hermana?

-          Me la jugó y se escapó.

-          ¿¡Cómo!? Se escapó y estas aquí tan tranquilo. Tío a veces flipó contigo- tras estas palabras me mira con odio, y exploto.

-          ¡¿Qué!? ¿QUE TU FLIPAS CONMIGO? TU ERES EL QUE ESTÁ TRATANDO A MI HERMANA COMO TRATAS A TODAS LAS CHICAS, PRIMERO VAS DE AMIGO Y DESPUES SOLO LAS UTILIZAS. NO SE COMO PUEDES HACERLE ESTO A MI HERMANA, ERAIS AMIGOS…

-          Yo no la trato como a las demás...

-          ¡Y UNA MIERDA! Y AUN POR ENCIMA ME ECHAS EN CARA QUE NO ME PREOCUPO POR ELLA.

-          Estás muy nervioso, espero que no estes hablando en serio…

-          Tengo que salir de casa, ¿puedes irte?

-          Si…

No lo acompaño a la puerta. Me giro y salgo al porche donde me pongo los tenis que llevo a entrenar y echo a correr hacia donde sé que está mi hermana. No sé si voy para traerla de vuelta o para despejarme despues de haberle gritado a Eric…

Corro como unos veinte minutos, y llego al árbol donde suele sentarse, y no está. La he perdido otra vez.

Capítulo 13


*Narra Nathan*

No podía dejar de pensar en ella. Sabía que seguía viva, pero no había vuelto al bosque. Llevaba años observandola inconscientemente. Observando como crecía su rubia melena, como sus ávidos ojos observaban cada incisión de los rayos de sol entre los ojos, como iba evolucionando su habilidad con el lápiz sobre el papel…

Empezó a ir a aquel lugar cuando tenía más o menos siete años e iba siempre acompañada de su copia masculina. Pasados los años, su hermano dejó de acompañarla, y empezó a asistir de manera más frecuente. Pero también su felicidad fue decayendó...y lo único que podías leer en sus ojos era la tristeza que se iba calando en su interior. A veces solo se adentraba en el bosque para llorar desconsoladamente. Y yo no podía hacer nada.

Llevaba conociendo a esa chica en la distancia casi diez años y sentía ansiedad cada día que no la veía aparecer entre los árboles. Pensaba en ella todo el rato. En su manera de ser cuando estaba bien. En lo pequeñita que era, no debía medir más de metro sesenta, y era muy torpe, lo que me impulsaba a rodearla con mis brazos y protegerla. En sus ojos azules tan especiales…

No podía seguir viendola sufrir. Y todo esto fue lo que me impulsó a acercarme de ella, lo que desencadenó todos los hechos. Lo que hizo que se hiciera daño, que acabara en el hospital. Y, por lo que temía, lo que no había vuelto a verla aqui.

Pero si había ido a verla. Afortunadamente, el jardín del patio trasero de su casa, acababa donde comenzaba el bosque, y había ido hasta allí en varias ocasiones. No siempre la vi, solo pude hacerlo cuando estaba en el jardín, y quería acercarme, abrazarla, sonreirle, hablar con ella… Pero su hermano y el otro chico siempre estaban a su alrededor.

Nunca había tenido tal dependencia de una persona, pero ella era distinta. La excepción a todas las normas que regían mi vida.

Ahora mismo estoy tras el árbol donde la vi la primera vez. Cierro los ojos y dejo a mi mente vagar recordando a esa hermosa chica…

-          ¿Hola?

¿Era su voz o un simple delirio de mi mente? Abro los ojos y allí está. Y por primera vez despues de mucho tiempo, vuelvo a ver en sus ojos ese brillo especial que la caracteriza.

Capítulo 12

Han pasado semanas desde mi estancia en el hospital. Nadie diría que quedan dos días para volver ya al instituto, a la rutina, a la depresión constante que sucede un día tras otro.
Todo ha sucedido muy rápido desde el primer incidente en el bosque, y no he podido pensar en otra cosa que no fuera el lobo, Nathan, y los hermosos ojos azules que compartían.
Y no he podido volver a verle… A mi vuelta del hospital, intentaron sonsacarme lo que había pasado, hasta volvieron a llevarme al psicólogo. Pero nada funcionó. Tampoco sé realmente lo que ha pasado. Necesito respuestas, necesito volver a verle. Pero esto se ha vuelto imposible ya que no me dejan poner un pie fuera de casa si no voy acompañada. Casi no recuerdo nada de él, en mis sueños aparece sin rostro, una masa de la cual solo se distinguen los ojos.
-          Aixa, ¿en qué piensas?
No me había percatado de que llevaba casi cuarenta minutos absorta, mirando a través de la ventana, pero sin fijarme realmente en lo que había tras el cristal. Me giré y examiné la cara de mi hermano. Hacía tiempo que no me fijaba en esos ojos verdes que dan fe a lo de que los ojos son el espejo del alma. Hugo es muy fácil de leer. Llevaba su rubio pelo a la moda, con un tupé en el flequillo. Antes no lo llevaba así, pero, estos son los cambios necesarios cuando perteneces a la élite del instituto, tienes que ser guay. Todos con la misma ropa, el mismo corte de pelo, saliendo con las mismas chicas y manteniendo todos, la actitud de tener el mundo en las manos. Rasgos propios de la popularidad. No me había fijado que en el último año había esculpido sus músculos, no como Taylor Lautner en Luna Nueva, pero ya no era un flacucho, supongo que ese era el por qué llegaba siempre tarde de sus entrenamientos…
-          Eoooo… ¿estás en este mundo? ¿Tengo algo en la cara...?
-          En realidad si- lo miré a los ojos completamente seria- tienes así como un sarpullido o algo así rojo debajo de la oreja… Como si un vampiro te hubiera chupado la sangre… Espera, tu ayer no podías salir de casa, te tenias que quedar como mi guardián… ¡Mamáaaaa…….!
-          Nononononononono, por favor no lo hagas, no se lo digas, haré lo que quieras..por favor…
-          Déjame salir.
-          Vale, ¿A dónde vamos?
-          No, a mi sola, tú haces lo que quieras.
-          Aixa, sabes que no puedo…
-          ¡Mamáaaaaaaaaaa! ¿A que no sabes qué?
-          Vale, acepto, te dejaré salir, pero no le digas nada.
Me levanté, y subí corriendo las escaleras hacia mi habitación.
-          ¿A dónde vas ahora?
-          A cambiarme- me giré y le sonreí más alegremente de lo que pretendía- Mamá no está en casa.
       Llegué a la habitación, me cambié y salí corriendo hacia el bosque.
       Por fin iba a volver a verlo,o eso esperaba.


viernes, 27 de septiembre de 2013

Capítulo 11


*Narra Aixa*

Llevo más de dos horas despierta. No soy capaz de volver a coger el sueño. Cuando abrí los ojos estaba girada hacia la ventana, y sentía otra respiración a mi espalda, por lo que decido darme la vuelta y ver de quien se trata.

Cuando veo a Eric no puedo dejar de sentir sorpresa, y más aún cuando compruebo que no esta dormido y me mira fijamente.

-          Hola princesa, ¿como te encuentras?

-          Yo…no lo sé sinceramente, siento como si un camión se hubiera dedicado a pasar por encima de mi cuerpo repetidas e interminables veces.

Se levanta y se acerca a mi cama. Hacia mucho tiempo que no fijaba en él. Ya había pasado la etapa de la temprana adolescencia donde el único chico en el que me fijaba era casualmente el mejor amigo de mi hermano. Esto me duró hasta que me di cuenta de que no era más que un gilipollas que jugaba con todas las chicas con las que estaba.

Pero aunque no sentía más que odio por él, era atractivo y sus ojos eran casi tan hipnotizantes como los del lobo.

El lobo... ¿Que habrá sido de ese majestuoso animal? Pero Eric no me deja seguir pensando en esto.

-          Mmm…¿y puedo hacer algo para que te sientas mejor?

-          No lo creo Eric… quiero ver a Hugo, conociéndolo se sentirá culpable, y él no tiene la culpa de nada…

-          Sssh….tu lo que deberías es descansar- alza su mano y sus dedos recorren mi mejilla con suavidad. Sus ojos se van posando en distintas partes de mi cara hasta quedarse en mis labios.

No podía creerme lo que estaba pasando. Su boca empezaba a acercarse a la mía lentamente hasta que nuestros labios se juntaron en un ligero beso, un mero roce.

-          Yo cuidaré de ti, no te preocupes,duerme…

Volvió a sentarse en la silla y yo volví a la postura en la que me encontraba antes,pero no quiero dormir. No entiendo que acaba de pasar,¿a que venía esto? Mi cabeza estaba confusa y no sabía que pensar…

Escucho y noto que su respiración se ha hecho más acompasada, creo que se ha dormido. Pasan diez, veinte, cuarenta minutos y aun sigo despierta. Y es cuando noto otra respiración distinta a la de Eric. No hace falta que me gire, ante mí aparecen esos ojos tan magnéticos.

-          Estás viva- lo dijo con una sonrisa en la cara- ¿te acuerdas de mi?

-          Vagamente…¿tu nombre era Nathan?

-          Si. Estaba muy preocupado por ti…la segunda vez no pude hacer nada por ti. Todo esto es mi culpa, no deberías estar en el hospital…lo siento… debería irme y dejarte descansar.

-          No…yo…quédate…

-          Lo siento-posa sus labios en mi frente de forma fugaz como un padre que arropa a su hija y se va.

Nathan,ese era su nombre y por fin lo decía en voz alta. Me siento confusa,este chico a dejado en mi mucha más huella que ese beso robado,lo que no tiene sentido.

Solo sé,que necesito volver a verle.

domingo, 18 de agosto de 2013

Capítulo 10

*Narra Eric*
Hugo acababa de mandarme un mensaje, ella había despertado. Cogí la cazadora y le dije a mi madre que iba a verlos al hospital. Tardé menos de media hora en llegar, y me encaminé a su habitación.
La puerta estaba entre abierta, la abrí y al entrar comprobé que ambos estaban sumidos en un profundo sueño. Dormidos hasta se parecían más aún y mi incertidumbre se hacía más grande.
Siempre había sentido algo por Aixa, era más que una cara y cuerpo bonitos. Tenía esa personalidad que te hacía sobrevivir a lo imposible y disfrutar de la vida. Pero nunca me había atrevido a decírselo a nadie. Pero, ya unos meses atrás mi mente había empezado a sentirse confusa, y había empezado a ver en Hugo todo lo que me atraía de ella. No sabía si era que estaba empezando a gustarme de una forma amorosa o era simplemente cariño de mejores amigos.
Nunca me había sentido atraído por un hombre. Siempre había salido con chicas, y no como Aixa, sino chicas fáciles para tratar de apartarla de mi mente porque ella era la hermana de mi mejor amigo, y no podía ser.
Pero últimamente solo podía pensar en ellos, sin poder aclarar cuál de los dos era por el que realmente me sentía como flotando en el aire.
Mi primer instinto fue ir hasta la camilla a ver a Aixa, que era el motivo por el que nos encontrábamos aquí. Estaba, sinceramente, hecha una pena. Me quedé mirándola fijamente hasta que sentí una voz a mi espalda.
-          Eric, ¿Qué haces aquí a estas horas?
*Narra Hugo*
Me desperté y al abrir los ojos comprobé que ya no estaba solo con mi hermana en la habitación. Eric estaba allí de pie a su lado, sin hacer ningún movimiento perceptible a mi vista. Miré el reloj y eran las cinco menos veinte de la mañana. Le había mandado el mensaje a las cuatro pero nunca pensé que fuera a venir. Yo debí quedarme dormido poco después de que Aixa volviera a dormirse cuando los médicos la estabilizaron y se fueron.
-          Eric, ¿Qué haces aquí a estas horas?
-          Creo que necesitas un descanso, ve a casa y pasa la noche, yo me quedó con ella.
-          No, no puedo, tengo que quedarme.
-          No tío, llevas aquí tres días, ve a casa, no le va a pasar nada, está rodeada de médicos. Y si  se ha despertado es que muy mal no puede estar, ¿no crees?
-          Supongo que tienes razón…
Me levanté y me dirigí hacia la puerta. Antes de salir, me giré y lo miré directamente:
-          Todo esto es culpa mía, por dejarla sola, si vuelve a pasarle algo no podré perdonármelo en la vida.
-          La cuidaré, descansa.

Me fui para casa, pero antes de meterme en cama, me di cuenta de un detalle en el que no me había fijado. Los médicos había dicho que la pierna de Aixa ya estaba cosida cando llegamos al hospital… ¿Quién habría podido hacerlo?

sábado, 17 de agosto de 2013

Capítulo 9

*Narra Hugo*
Era la tercera noche que Aixa pasaba en el hospital. Los médicos creían que no se despertaba porque su cuerpo estaba intentando asimilar la transfusión de sangre que tuvieron que hacerle porque su organismo se veía incapacitado de renovar la suya propia. Recuerdo la conversación perfectamente:
“El médico se acerca al lugar donde mi madre y yo esperamos el veredicto.
-          Buenas noches, su hija ha llegado aquí con varios cortes profundos en la pierna izquierda, el tobillo fracturado y una gran falta de sangre. Los cortes estaban cosidos ya pero no de forma profesional ni con hilo resistente. ¿como ha ocurrido esto?
-          Señor, yo he encontrado a mi hermana en el bosque inconsciente. La llevé a casa donde acababa de llegar mi madre, y no recuperó la consciencia en ningún momento, por lo que no sabemos qué es lo que pasó.
-          De acuerdo, entonces debemos esperar a que ella despierte.
-          ¿Y eso cuando va a ser?- mi madre estaba muy preocupada, aunque ella intentara disimularlo, yo lo había notado, igual que cuando murió mi padre…
-          Tuvimos la necesidad de realizar una transfusión, asique depende del tiempo que necesite para asimilarla.
Después  de decir esto el médico nos dejó allí, esperando.”
Era la tercera noche que pasaba en vela al lado de mi hermana. Había conseguido que nuestra madre fuera a pasar la noche a casa de la abuela ya que los médicos no creían que fuera a despertarse hoy.
Así que ahí estaba yo, en su habitación, observando cómo su pelo rubio se extendía en la cama, su tez aún estaba más pálida bajo las luces del hospital y no dejaba de mirar como sus párpados permanecían cerrados.
De repente la máquina a la que estaba conectada Aixa empezó a pitar de forma estruendosa. No tuve que salir al pasillo a llamar a los médicos, porque en cuestión de tres segundos llegaron allí dos médicos y tres enfermeras, dos de ellas traían el carrito de paradas.
-          Chico, sal de aquí.
No les hice caso, me mantuve en aquel sillón paralizado, sin poder moverme un centímetro tan siquiera. Pero estaban tan dedicados a ella que no se percataron de que seguía en la habitación.
-          Ha dejado de respirar, preparar la carga, esta chica tiene que seguir viva- el médico estaba convencido de que iba a salir bien, le cogió la cara a mi hermana y la miró- Aixa, ¿me oyes?, todo va a salir bien pequeña.
Una de las enfermeras le pasó las palas al médico mientras la otra le despejaba el pecho a mi Aixa. Cuando las palas estaban a escasos centímetros, sucedió algo que ninguno de los presentes habíamos esperado que ocurriera.
*Narra Aixa*
Las imágenes de lo acontecido estos dos últimos días se repetían en mi cabeza sin tregua. El lobo…esos ojos…ese chico misterioso…Estaba reviviendo los hechos, ya era la cuarta o quinta vez que lo hacía. Pero esta vez sentí como me iba quedando más y más sin aire. Miré alrededor, estaba en el bosque, sola. La pérdida de aire  estaba haciendo que me desplomara.

Noté un impulso y de repente sentí que mi torso se elevaba, mi boca se abría para coger aire y mis ojos se abrieron ante la sorpresa de los presentes.

domingo, 11 de agosto de 2013

Capítulo 8

*Narra Nathan*
Ya había acabado de curarla, pero seguía hundida en un profundo sueño. Tenía que aprovechar el momento y librarme de ella por que tendrá muchas preguntas que no puedo ni debo contestar.
La agarro con cuidado y me encamino al sitio en el la vi por primera vez, aquella vez  en la que estuve tan tentado de acercarme, que había pasado una desgracia.
Casi estábamos allí cuando oí una rama crujir, y no era un sonido animal. No podía arriesgarme a que me encontraran. La dejé con cuidado donde la había encontrado antes y me escondí entre la maleza. Al momento escuché un grito:
-          Princesa,¿estás bien?- un chico llegó a su lado y por el apodo cariñoso supuse que eran más que meros conocidos- Aixa respóndeme por favor- se había agachado a su lado y al comprobar que no había respuesta le estaba dando palmaditas en la cara.
Ella no despertaba, pero se veía que estaba en manos de alguien apropiado, por lo que decidí irme a casa aunque no era lo que realmente deseaba.
 Todo esto es culpa mía, nunca debí acercarme a ella…
*Narra Hugo*
No paro de zarandearla pero no se despierta. Hay marcas de sangre por su ropa lo que demuestra que algo le pasa. La cojo en brazos e intento correr hacia casa.
No creo que haya intentado suicidarse, no había ningún objeto que delatase este hecho. Ademas había un detalle raro en como la había encontrado, estaba como posada en la hierba… no puedo darle más vueltas, casi estoy en casa, y visualizo las luces del coche de mi madre por el camino.
Corro para que me vea y pare el coche. Y lo hace cuando me ve con Aixa en los brazos.
-          Mamá, vamos al hospital por favor- al darme cuenta de lo que estoy diciendo me doy cuenta de la situación y siento una lágrima resbalar por mi mejilla
-          Date prisa, ya hablaremos, métela en el coche.
Me abre la puerta de atrás y la tumbo a lo largo pero levanto su cabeza y me siento debajo dejándola reposar en mis piernas.Según vamos llegando al hospital no dejo de acariciarla y de decirle que todo va a salir bien aunque ella no me escuche.
Llegamos al hospital y un celador me pide que la deje en la camilla mientras mi madre corre a cubrir los papeles. Mientras lo hace, se acercan para llevársela.
-          Por favor, dejarme ir con ella…-me temblaba la voz
-          Lo siento chico, tienes que quedarte aquí.
Veo como desaparecen a través de una puerta y siento que mi corazón se va con ella. Me doy la vuelta y voy hacia mi madre, la abrazo y sin poder remediarlo, rompo a llorar.
-          Tranquilo pequeño, va a estar bien…- pero ella sabía que Aixa llevaba meses sin estar bien y que ni un psicólogo había sido capaz de ayudarla.

Ahora solo quedaba esperar y cada segundo se hacía eterno.

Capítulo 7

*Narra Hugo*
Eric acababa de irse. Habíamos estado todo el resto del día jugando a la play, exceptuando la pausa para comer y merendar. Pero Aixa no había dado señales de vida. Entre que Eric estaba aquí y ella no quería que yo me acercara, pues no me atreví a subir el tramo de escaleras que me separaban de su habitación.
Ahora era distinto, estaba solo. Mi madre aún tardaría dos horas en llegar desde casa de la abuela, así que decido subir a pesar de que Aixa no quiere ser ayudada y me rechaza.
El ``mal presentimiento´´ estaba ahí otra vez, por lo que empecé a correr escaleras arriba de dos en dos. Llegué a su habitación, abrí la puerta, pero, no hay nadie, y siento que el corazón se me para…
*Narra Aixa*
- ¡¡¡¡AAAAAAAAH!!!!
Ese grito surgió de mis entrañas como extraña manera de sacarme del sueño en el que había estado encerrada. Estaba en un sitio desconocido, no me sonaba absolutamente de nada.
 Pero allí estaba él, aquel extraño que me estaba salvando la vida. Estaba cosiéndome ese corte que se había abierto. Volví a gritar, pero esta vez con más intensidad de la que había pretendido, podría haberlo dejado sordo…
Pero dejó la aguja a un lado, me miró con cara de culpabilidad y se levantó.  El dolor era insoportable y sentía como si la aguja aún siguiera atravesando mi piel. No tardó mucho en volver, aunque a mí me parecieran siglos, y en sus manos traían un vaso.
-          Bebe, hará desaparecer el dolor- e intentó reconfortarme con una sonrisa de medio lado.
Me bebí aquello. ¿Acaso tenía otra  opción? Me dejó un regusto amargo y mis parpados empezaron a cerrarse otra vez. Saqué fuerzas de mi interior y pregunté:
-          ¿Cómo…te…llamas…?
-          Nathan.
*Narra Hugo*
Si le ha pasado algo no podré perdonármelo. Ni me di cuenta de que no estaba. Quieto Hugo, respira…intenta encontrarla.
Miro alrededor y observó que falta la cámara. Puede que sepa dónde está, solo le gusta sacar fotos en un sitio, y por mucho que le pese, ambos sabemos cuál es.
Entro en mi habitación y me cambio a ropa deportiva, me ato los cordones fuerte y echo a correr en dirección al bosque antes de que oscurezca. Llego allí antes de lo que había pensado. No está, pero decido dar una vuelta por los alrededores por si estuviera sacando fotos. Realizo la circunferencia con un radio de 30 metros desde el punto de referencia, y lo hago lentamente para no perder ningún detalle.

Necesitaba encontrarla.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Capítulo 6

No puedo dejar de mirarlo a medida que se encamina hacia mí. Esos ojos son de un azul que me hipnotiza y no me permite apartar la mirada. Pensé en eso que suelen decir de que los animales tienen más miedo de ti que tu de ellos. Pero este no parecía que lo tuviera.
Sorprendentemente llegó a mí y se tumbó a mi lado apoyando su cabeza en mi pierna derecha. No me atreví a mover ni un músculo. No entendía que estaba pasando. ¿Por que la conducta de este animal era tan extraña? Miré hacia abajo, su cabeza seguía allí el único movimiento que había en su cuerpo era el ligero movimiento al respirar.
Un dolor intenso me recorrió la pierna, acerqué mi mano lentamente a la herida y horrorizada comprobé que se había abierto y la sangre no dejaba de fluir. El lobo también se percató de este detalle, se levantó y echo a correr en la misma dirección que aquel día. Antes de desparecer, se giró, me miró y me dedicó un aullido quejumbroso.
Era el segundo día que perdía tanta sangre, y a mi organismo no le había dado tiempo a regenerar la sangre perdida en las distintas hemorragias. Y otra vez, mi cabeza empezó a dar vueltas. Hice lo que pude para cambiar la posición y tumbarme para así ralentizar la perdida sanguínea y apaciguar el mareo. Cerré los ojos.
No había perdido el conocimiento, aún percibía el poco aire que había moviéndose entre las hojas, el piar de los pajaritos que quizás esperaban a su madre para la hora de comer…
Escuché unos pasos apresurados que se dirigían hacia donde yo estaba. Como si intentaban desesperadamente llegar hasta mí. Nadie solía venir por aquí. El único que sabe que este es mi sitio predilecto es Hugo, pero aunque se hubiera preocupado por mí en casa, no creo que se haya dado cuenta de que no estoy.
Los pasos ya habían cesado y sentí a alguien arrodillarse a mi lado y cogerme en brazos, y empezar a andar. Tenía miedo, no sabía si abrir los ojos. ¿Quién será y porqué se toma tantas libertades conmigo?
Cada vez el dolor era más intenso y desmesurado. No podía huir. Abrí los ojos.
-          Tranquila preciosa, vas a estar bien.
Había sentido mi miraba y me la devolvió sin dejar de caminar.
-          ¿Quién….? ¿Quién…eres?
-          Shhh…cierra los ojos…

No sabía porque, pero me fié de él y los volví a cerrar. ¿Quién era este individuo? ¿Qué hacía por aquí justo en este preciso momento? Sentí mi consciencia abandonándome, a mi cabeza vinieron unos ojos azules, después todo se volvió negro.

sábado, 27 de julio de 2013

Capítulo 5

-          ¿Qué te pasa preciosa?¿ Aún estás rayada por ellos? Sabes que con eso no hay problema, seguro que vas a encontrar amigos nuevos este año. Y con suerte, esta vez serán de verdad.
-          Eso es muy fácil para ti Hugo, tu eres sociable, yo ahuyento a la gente que se acerca a mi…pero no estoy así por eso, me sigue afectando pero esto es más complicado que todo eso.
-          Pues cuéntamelo, aquí estoy para ti siempre que quieras.
-          No, lo siento tengo que irme…
Me levanté y me fui a recoger mis cosas.


*Narra Hugo*
No sé que la pasa a esta chica últimamente… antes era la chica más risueña que conocía, siempre se estaba riendo, bromeando, sonreía. Echo de menos su preciosa sonrisa… era de esas que conseguían que olvidaras todo lo malo y te rieras con ella. Pero ya hace mucho que no se la ve así. Ahora está siempre negativa, taciturna, se ha vuelto tímida…y lo peor de todo es que no puedo hacer nada por ella, no me deja, huye de mí. Creo que hasta me odia…
Tengo que descubrir que le ha pasado. Estaba muy preocupada buscando su móvil y creo que la he visto cojear un poco al levantarse…
Voy hacia al salón a junto Eric.
-          Hey, ¿dónde te metiste? Saliste disparado de aquí.
-          Nada, tuve un presentimiento y fui a ver como estaba. Ayer también tuve un mal presentimiento…
-          Cosas raras de gemelos, ¿y qué le pasaba?
-          Estaba llorando…y no me quiso decir porqué.
-          Pues habrá que descubrirlo, no me gusta verla así, quiero que vuelva a ser feliz.
-          ¿Y tu desde cuando te preocupas por ella?
-          Desde siempre…aunque se niegue a aceptarlo.
Me quedé callado. Últimamente siempre que estábamos cerca de Aixa se quedaba embobado mirándola y si no estaba, me preguntaba por ella, y no me gustaba. Sé cómo trata a las chicas, aunque al principio las quiera siempre les hace daño. Y no puedo permitirlo, ella es parte de mí. Y ya le han hecho mucho daño.
Bueno, puede que esté alucinando un poco, los tres somos amigos, no creo que sienta nada por ella, será solo preocupación.
-          ¿Echamos una partida a la play?
-          ¿quieres perder otra vez?
Nos echamos a reír y empiezo a enchufar la play, así me distraigo para no subir a insistirle a Aixa…solo espero que no haga ninguna tontería.


{En otro lugar de la casa} *Narra Aixa*
No sé qué hacer ahora. Supongo que iré al bosque. Cojo la cámara y empiezo a bajar las escaleras despacio, intentando que se me oiga lo mínimo posible. No quiero que se enteren de que me voy, sino Hugo empezará a darme la vara y a decir que no es sano que prefiera la compañía de unos cuantos arboles a las personas de verdad.
Salgo por el garaje para que no me mire y emprendo mi camino. Normalmente me lleva diez minutos llegar al sitio donde vi al lobo por primera vez, pero con la pierna como la tengo…llevo ya treinta minutos y solo quiero llegar y sentarme.  No puedo más, siento que la pierna se me desgarra y el dolor es tan intenso que se me saltan las lágrimas.

Por fin llegué…y lo único que hago es sentarme. Alzo la cabeza y allí estaba otra vez, mi lobo.


Capítulo 4

Miro a mi alrededor asustada, me incorporó y voy hasta la puerta a duras penas, la cierro y giro la llave. No recuerdo haber vuelto ayer a casa. En realidad lo único que pasa por mi mente son esos ojos lobunos y el contacto humano de aquellos brazos. Pero no entiendo si hay relación entre ambas cosas. Me estoy volviendo loca.
Busco mis cosas, allí estaban mi bolso, me acerco y miro si me falta algo. Están mi cámara, mi cuaderno, el lápiz, pero… ¿Dónde está mi móvil? Voy a la silla donde está mi ropa de ayer perfectamente doblada, busco en los bolsillos, pero allí tampoco está.
Me pongo unos leggins, una sudadera y unas converse y bajo a buscarlo. Me dejo el pelo suelto para esconder las marcas que tengo en la cara lo máximo posible. Mi hermano está sentado en el sofá como siempre mirando la tele e indudablemente junto a él está su mejor amigo Eric.
-          Hola chicos… Hugo, ¿donde está mamá?
-          Dijo… que se iba todo el día con la abuela.
Di por terminada la conversación con él. Muchas cosas habían cambiado este año entre nosotros… empecé a buscar mi móvil por la cocina, salí al porche y tampoco estaba, fui hasta la camita de mi gata y nada. Solo quedaba el salón. Volví a entrar allí y busqué por las estanterías, los cajones… y nada. Me falta ver en los cajones bajo la tele y en el sofá. Aprovecho que está distraídos hablando de… ¿fútbol? ¡Qué raro en ellos! Me agacho a ver en los cajones y empiezo a rebuscar.
-          Chaval, ¿desde cuándo está tan buena?
-          Eric, tíooo…es mi hermana, búscate a otra sirenita… ¿Aixa que buscas?
-          Nada…mi móvil – me giré – por cierto, ¿lo viste? ¿sabes cómo llegué a casa?
Me senté a su lado en el sofá, Eric no dejaba de mirarme, me estaba empezando a sentir incómoda.
-          No fea, me fui pronto para cama, estaba cansado del gimnasio.
-          Cierto, me olvidaba de que pretendes ser uno de esos chicos que son más músculos que cerebro.
-          Miau, la gatita araña…- odiaba a Eric con esos comentarios suyos, es uno de los chicos más misóginos que conozco. Nos conocemos los tres desde siempre, pero pronto me dejaron de lado.
-          Me voy al porche, pasarlo bien.
Salí fuera y me senté en el borde del porche, estiré la pierna mala y de repente eché a llorar. No sabía cómo había llegado a casa, ni quien me había cosido y vendado. Tampoco sabía si el lobo tenía buenas intenciones, o si eran malas y esa persona cuya identidad desconozco me había salvado la vida. Necesitaba respuestas. Pero antes quería llorar un poco para mitigar la frustración.

Oí unos pasos por detrás de mí. Y sentí unos brazos que me abrazaban fuerte. Levanté la cabeza y ahí estaba el ser que casi nunca fallaba cuando yo rompía a llorar, el odioso de mi hermano.

viernes, 26 de julio de 2013

Capítulo 3

``Bounce, make it, make it bounce (x3) 
    Shake it, break it, make it bounce
    Bounce, make it bounce (x3)
    Shake it, break it, make it bounce
    Oh-oh-oh-oh (repeat)
    Make it bounce
    Oh-oh-oh-oh (repeat) ´´
Abro los ojos, es mi despertador. Miro alrededor, estoy en casa, en mi habitación. Aparto la sábana y compruebo que no hay ni una sola marca en mi cuerpo, ni siquiera me duele, ¿habrá sido tan solo un sueño? Aparentemente es así porque estoy ilesa.
Me levanto de la cama y me ducho, me visto y bajo a desayunar con la mochila. Son las siete y media por lo que me queda un cuarto de hora para ir a la parada del autobús.  Me cojo una manzana y empiezo a comerla lentamente. Cuando acabo me lavo los dientes, cojo las cosas y me voy.
No sé si mi hermano se ha levantado pero paso de preocuparme de él, tenemos 16 años y creo que ya somos lo bastante mayores para levantarnos solos. No quiero llegar tarde por su culpa. Nunca me ha gustado tener un gemelo.
Llego a la parada y Hugo no está allí. O llegará tarde al instituto o simplemente no irá. Ya estoy sentada en el bus y aún no apareció. En los veinte minutos de trayecto no dejó de pensar en ellos, los que decían que eran mis amigos.
Confusión, frustración… ¿Cómo consigo librarme de esos sentimientos dañinos? Me siento caer por un pozo sin fin, hasta lo más hondo y profundo del inframundo. Cada vez me voy hundiendo más en la desesperación, en el temor de no poder volver a levantar cabeza. Mientras, sigo mostrándome ante ellos con la misma sonrisa que cuando éramos amigos, cuando nada podía separarnos. ¿Acaso no puedo yo hacer lo mismo que ellos? ¿No puedo actuar falsamente para conseguir mis propósitos? ¿No puedo destruir sus sueños y esperanzas? ¿Su capacidad de pensar que todo podría volver a ser como antes? No comprendo que es lo que pasó. Siempre he sido yo misma, nunca he sentido la necesidad de ir robando pedacitos de la personalidad de mis amigos para formar la mía propia. Soy diferente, hasta podría decirse rara. Pero no me importa, no pienso cambiar por gente que no lo merece. Gente, que no se ha molestado lo más mínimo en seguir nuestra amistad. Yo habría ido al fin del mundo por salvar sus vidas. Ahora, me doy cuenta de que, de haber sido así, habría dado mi propia vida en vano por gente mentirosa y traidora.
Ya llegamos al instituto y oigo que alguien me llama:
-          ¡Aixa! – me giro intentando buscar a quien me llama- ¿No crees que ya son horas de levantarse?

Abro los ojos, estaba en mi cama, y mi madre me estaba viendo desde el marco de la puerta.
-             Si mamá, ahora me levanto…
-              Es que por mucho que sea verano no te tienes que quedar hasta la tarde en la cama.
-              Que sí…

Se va. Intento levantarme, pero hay algo nuevo en este despertar. Al apartar la sábana compruebo que tengo el cuerpo lleno de moratones, un corte  cosido en el muslo y el pie fuertemente vendado… Todo había sido verdad, y lo más importante, sigo viva.