domingo, 22 de diciembre de 2013

Capítulo 12

Han pasado semanas desde mi estancia en el hospital. Nadie diría que quedan dos días para volver ya al instituto, a la rutina, a la depresión constante que sucede un día tras otro.
Todo ha sucedido muy rápido desde el primer incidente en el bosque, y no he podido pensar en otra cosa que no fuera el lobo, Nathan, y los hermosos ojos azules que compartían.
Y no he podido volver a verle… A mi vuelta del hospital, intentaron sonsacarme lo que había pasado, hasta volvieron a llevarme al psicólogo. Pero nada funcionó. Tampoco sé realmente lo que ha pasado. Necesito respuestas, necesito volver a verle. Pero esto se ha vuelto imposible ya que no me dejan poner un pie fuera de casa si no voy acompañada. Casi no recuerdo nada de él, en mis sueños aparece sin rostro, una masa de la cual solo se distinguen los ojos.
-          Aixa, ¿en qué piensas?
No me había percatado de que llevaba casi cuarenta minutos absorta, mirando a través de la ventana, pero sin fijarme realmente en lo que había tras el cristal. Me giré y examiné la cara de mi hermano. Hacía tiempo que no me fijaba en esos ojos verdes que dan fe a lo de que los ojos son el espejo del alma. Hugo es muy fácil de leer. Llevaba su rubio pelo a la moda, con un tupé en el flequillo. Antes no lo llevaba así, pero, estos son los cambios necesarios cuando perteneces a la élite del instituto, tienes que ser guay. Todos con la misma ropa, el mismo corte de pelo, saliendo con las mismas chicas y manteniendo todos, la actitud de tener el mundo en las manos. Rasgos propios de la popularidad. No me había fijado que en el último año había esculpido sus músculos, no como Taylor Lautner en Luna Nueva, pero ya no era un flacucho, supongo que ese era el por qué llegaba siempre tarde de sus entrenamientos…
-          Eoooo… ¿estás en este mundo? ¿Tengo algo en la cara...?
-          En realidad si- lo miré a los ojos completamente seria- tienes así como un sarpullido o algo así rojo debajo de la oreja… Como si un vampiro te hubiera chupado la sangre… Espera, tu ayer no podías salir de casa, te tenias que quedar como mi guardián… ¡Mamáaaaa…….!
-          Nononononononono, por favor no lo hagas, no se lo digas, haré lo que quieras..por favor…
-          Déjame salir.
-          Vale, ¿A dónde vamos?
-          No, a mi sola, tú haces lo que quieras.
-          Aixa, sabes que no puedo…
-          ¡Mamáaaaaaaaaaa! ¿A que no sabes qué?
-          Vale, acepto, te dejaré salir, pero no le digas nada.
Me levanté, y subí corriendo las escaleras hacia mi habitación.
-          ¿A dónde vas ahora?
-          A cambiarme- me giré y le sonreí más alegremente de lo que pretendía- Mamá no está en casa.
       Llegué a la habitación, me cambié y salí corriendo hacia el bosque.
       Por fin iba a volver a verlo,o eso esperaba.


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