sábado, 27 de julio de 2013

Capítulo 5

-          ¿Qué te pasa preciosa?¿ Aún estás rayada por ellos? Sabes que con eso no hay problema, seguro que vas a encontrar amigos nuevos este año. Y con suerte, esta vez serán de verdad.
-          Eso es muy fácil para ti Hugo, tu eres sociable, yo ahuyento a la gente que se acerca a mi…pero no estoy así por eso, me sigue afectando pero esto es más complicado que todo eso.
-          Pues cuéntamelo, aquí estoy para ti siempre que quieras.
-          No, lo siento tengo que irme…
Me levanté y me fui a recoger mis cosas.


*Narra Hugo*
No sé que la pasa a esta chica últimamente… antes era la chica más risueña que conocía, siempre se estaba riendo, bromeando, sonreía. Echo de menos su preciosa sonrisa… era de esas que conseguían que olvidaras todo lo malo y te rieras con ella. Pero ya hace mucho que no se la ve así. Ahora está siempre negativa, taciturna, se ha vuelto tímida…y lo peor de todo es que no puedo hacer nada por ella, no me deja, huye de mí. Creo que hasta me odia…
Tengo que descubrir que le ha pasado. Estaba muy preocupada buscando su móvil y creo que la he visto cojear un poco al levantarse…
Voy hacia al salón a junto Eric.
-          Hey, ¿dónde te metiste? Saliste disparado de aquí.
-          Nada, tuve un presentimiento y fui a ver como estaba. Ayer también tuve un mal presentimiento…
-          Cosas raras de gemelos, ¿y qué le pasaba?
-          Estaba llorando…y no me quiso decir porqué.
-          Pues habrá que descubrirlo, no me gusta verla así, quiero que vuelva a ser feliz.
-          ¿Y tu desde cuando te preocupas por ella?
-          Desde siempre…aunque se niegue a aceptarlo.
Me quedé callado. Últimamente siempre que estábamos cerca de Aixa se quedaba embobado mirándola y si no estaba, me preguntaba por ella, y no me gustaba. Sé cómo trata a las chicas, aunque al principio las quiera siempre les hace daño. Y no puedo permitirlo, ella es parte de mí. Y ya le han hecho mucho daño.
Bueno, puede que esté alucinando un poco, los tres somos amigos, no creo que sienta nada por ella, será solo preocupación.
-          ¿Echamos una partida a la play?
-          ¿quieres perder otra vez?
Nos echamos a reír y empiezo a enchufar la play, así me distraigo para no subir a insistirle a Aixa…solo espero que no haga ninguna tontería.


{En otro lugar de la casa} *Narra Aixa*
No sé qué hacer ahora. Supongo que iré al bosque. Cojo la cámara y empiezo a bajar las escaleras despacio, intentando que se me oiga lo mínimo posible. No quiero que se enteren de que me voy, sino Hugo empezará a darme la vara y a decir que no es sano que prefiera la compañía de unos cuantos arboles a las personas de verdad.
Salgo por el garaje para que no me mire y emprendo mi camino. Normalmente me lleva diez minutos llegar al sitio donde vi al lobo por primera vez, pero con la pierna como la tengo…llevo ya treinta minutos y solo quiero llegar y sentarme.  No puedo más, siento que la pierna se me desgarra y el dolor es tan intenso que se me saltan las lágrimas.

Por fin llegué…y lo único que hago es sentarme. Alzo la cabeza y allí estaba otra vez, mi lobo.


Capítulo 4

Miro a mi alrededor asustada, me incorporó y voy hasta la puerta a duras penas, la cierro y giro la llave. No recuerdo haber vuelto ayer a casa. En realidad lo único que pasa por mi mente son esos ojos lobunos y el contacto humano de aquellos brazos. Pero no entiendo si hay relación entre ambas cosas. Me estoy volviendo loca.
Busco mis cosas, allí estaban mi bolso, me acerco y miro si me falta algo. Están mi cámara, mi cuaderno, el lápiz, pero… ¿Dónde está mi móvil? Voy a la silla donde está mi ropa de ayer perfectamente doblada, busco en los bolsillos, pero allí tampoco está.
Me pongo unos leggins, una sudadera y unas converse y bajo a buscarlo. Me dejo el pelo suelto para esconder las marcas que tengo en la cara lo máximo posible. Mi hermano está sentado en el sofá como siempre mirando la tele e indudablemente junto a él está su mejor amigo Eric.
-          Hola chicos… Hugo, ¿donde está mamá?
-          Dijo… que se iba todo el día con la abuela.
Di por terminada la conversación con él. Muchas cosas habían cambiado este año entre nosotros… empecé a buscar mi móvil por la cocina, salí al porche y tampoco estaba, fui hasta la camita de mi gata y nada. Solo quedaba el salón. Volví a entrar allí y busqué por las estanterías, los cajones… y nada. Me falta ver en los cajones bajo la tele y en el sofá. Aprovecho que está distraídos hablando de… ¿fútbol? ¡Qué raro en ellos! Me agacho a ver en los cajones y empiezo a rebuscar.
-          Chaval, ¿desde cuándo está tan buena?
-          Eric, tíooo…es mi hermana, búscate a otra sirenita… ¿Aixa que buscas?
-          Nada…mi móvil – me giré – por cierto, ¿lo viste? ¿sabes cómo llegué a casa?
Me senté a su lado en el sofá, Eric no dejaba de mirarme, me estaba empezando a sentir incómoda.
-          No fea, me fui pronto para cama, estaba cansado del gimnasio.
-          Cierto, me olvidaba de que pretendes ser uno de esos chicos que son más músculos que cerebro.
-          Miau, la gatita araña…- odiaba a Eric con esos comentarios suyos, es uno de los chicos más misóginos que conozco. Nos conocemos los tres desde siempre, pero pronto me dejaron de lado.
-          Me voy al porche, pasarlo bien.
Salí fuera y me senté en el borde del porche, estiré la pierna mala y de repente eché a llorar. No sabía cómo había llegado a casa, ni quien me había cosido y vendado. Tampoco sabía si el lobo tenía buenas intenciones, o si eran malas y esa persona cuya identidad desconozco me había salvado la vida. Necesitaba respuestas. Pero antes quería llorar un poco para mitigar la frustración.

Oí unos pasos por detrás de mí. Y sentí unos brazos que me abrazaban fuerte. Levanté la cabeza y ahí estaba el ser que casi nunca fallaba cuando yo rompía a llorar, el odioso de mi hermano.

viernes, 26 de julio de 2013

Capítulo 3

``Bounce, make it, make it bounce (x3) 
    Shake it, break it, make it bounce
    Bounce, make it bounce (x3)
    Shake it, break it, make it bounce
    Oh-oh-oh-oh (repeat)
    Make it bounce
    Oh-oh-oh-oh (repeat) ´´
Abro los ojos, es mi despertador. Miro alrededor, estoy en casa, en mi habitación. Aparto la sábana y compruebo que no hay ni una sola marca en mi cuerpo, ni siquiera me duele, ¿habrá sido tan solo un sueño? Aparentemente es así porque estoy ilesa.
Me levanto de la cama y me ducho, me visto y bajo a desayunar con la mochila. Son las siete y media por lo que me queda un cuarto de hora para ir a la parada del autobús.  Me cojo una manzana y empiezo a comerla lentamente. Cuando acabo me lavo los dientes, cojo las cosas y me voy.
No sé si mi hermano se ha levantado pero paso de preocuparme de él, tenemos 16 años y creo que ya somos lo bastante mayores para levantarnos solos. No quiero llegar tarde por su culpa. Nunca me ha gustado tener un gemelo.
Llego a la parada y Hugo no está allí. O llegará tarde al instituto o simplemente no irá. Ya estoy sentada en el bus y aún no apareció. En los veinte minutos de trayecto no dejó de pensar en ellos, los que decían que eran mis amigos.
Confusión, frustración… ¿Cómo consigo librarme de esos sentimientos dañinos? Me siento caer por un pozo sin fin, hasta lo más hondo y profundo del inframundo. Cada vez me voy hundiendo más en la desesperación, en el temor de no poder volver a levantar cabeza. Mientras, sigo mostrándome ante ellos con la misma sonrisa que cuando éramos amigos, cuando nada podía separarnos. ¿Acaso no puedo yo hacer lo mismo que ellos? ¿No puedo actuar falsamente para conseguir mis propósitos? ¿No puedo destruir sus sueños y esperanzas? ¿Su capacidad de pensar que todo podría volver a ser como antes? No comprendo que es lo que pasó. Siempre he sido yo misma, nunca he sentido la necesidad de ir robando pedacitos de la personalidad de mis amigos para formar la mía propia. Soy diferente, hasta podría decirse rara. Pero no me importa, no pienso cambiar por gente que no lo merece. Gente, que no se ha molestado lo más mínimo en seguir nuestra amistad. Yo habría ido al fin del mundo por salvar sus vidas. Ahora, me doy cuenta de que, de haber sido así, habría dado mi propia vida en vano por gente mentirosa y traidora.
Ya llegamos al instituto y oigo que alguien me llama:
-          ¡Aixa! – me giro intentando buscar a quien me llama- ¿No crees que ya son horas de levantarse?

Abro los ojos, estaba en mi cama, y mi madre me estaba viendo desde el marco de la puerta.
-             Si mamá, ahora me levanto…
-              Es que por mucho que sea verano no te tienes que quedar hasta la tarde en la cama.
-              Que sí…

Se va. Intento levantarme, pero hay algo nuevo en este despertar. Al apartar la sábana compruebo que tengo el cuerpo lleno de moratones, un corte  cosido en el muslo y el pie fuertemente vendado… Todo había sido verdad, y lo más importante, sigo viva.

jueves, 25 de julio de 2013

Capítulo 2

El lobo tenía el pelaje negro, estaba de espaldas a mí, como a unos treinta metros más o menos. No me lo pensé dos veces, aparté el cuaderno de dibujo y empecé a seguirlo. Seguía con los cascos puestos como si eso pudiera escudarme. El lobo era ágil, se movía entre la maleza como el espíritu libre que era, era tan rápido que creía que iba a perderle. Tenía una extraña sensación de que tenía que continuar su camino.
No sabía cuánto tiempo llevaba detrás del. De repente echó a correr y yo, lo imité. Los dos emprendimos la carrera, saltaba los más mínimos obstáculos que para mí se hacían duros. El lobo se adentró en un camino que estaba dispuesto a bordes de un pequeño precipicio. A pesar de todo continué. Hasta que pasó, mi torpeza jugó su papel, no vi la raíz. Mi pie se torció e hizo que me derrumbara y que mi cabeza diera en una piedra que antes no había visto. Antes de perder el conocimiento, sentí como mi cuerpo caía por el terraplén.
Cuando abrí los ojos estaba tumbada en la parte más baja del terraplén. Me dolía todo el cuerpo y sentía lo magullado que estaba. Me incorporé un poco y me sorprendí al observar al lobo a dos escasos metros. Me asusté e intenté levantarme, pero era completamente imposible, mi pierna no respondía. Miré hacia abajo y vi una mancha de sangre en el pantalón por encima de la rodilla que se iba haciendo más y más grande. Como si se viera atraído por la sangre, el lobo comenzó a acercarse. Estaba en las últimas, cuando vi sus ojos humanamente azules lo tuve claro, iba a morir. Llevaba semanas deseándolo pero nunca pensé que fuera a ser a manos de mi animal favorito. Dejaba atrás muchos problemas, pero también las pocas alegrías que permanecían en mi amarga vida.


Escasos centímetros separaban la avanzada boca del lobo de mi pierna, cerré los ojos y me esperé lo peor…
Habían pasado segundos y la muerte no llegaba. Abrí lentamente los ojos y observé que al contrario de lo que me decían mis pensamientos, el lobo quería ayudarme. Había desgarrado el pantalón y estaba lamiéndome el corte como intentando curar a su cría y yo no me había percatado de nada. No me lo creía, pero no pude pensar más en eso, el mareo vino a mí. Volví a tumbarme, sentir el dolor desgarrarme la pierna de arriba abajo. No pude alzarme, por lo que pensé que el lobo habría cambiado de idea.

Después, todo se volvió negro. Lo último que recuerdo es unos brazos levantándome del suelo.

Capítulo 1

Adoro como los rayos del Sol bailan y se reflejan en todas y cada una de las hojas de los árboles. Siento la calidez de la brisa veraniega, a pesar del caluroso verano, hoy el Sol ha decidido concedernos una tregua. Lleva horas aquí sentada y estoy bien, una novedad estos días. En el medio del bosque no siento el paso de los tiempos, dejo atrás los problemas y los cambios, me siento libre. Pero esto no dura para siempre…
No, he venido aquí para despejarme, para no pensar en eso, me niego a hundirme en mi lugar favorito. 


Abro la mochila y saco el móvil, los cascos, el lápiz y mi cuaderno de dibujo. Me pongo Iggy Azalea para no pensar y decido intentar plasmar la belleza que me rodea. Empiezo a dibujar ese árbol que siempre me fascinó. Mi fijo en los detalles y agacho la cabeza para concentrarme en el papel e tentar a dibujarlo de memoria, con todos sus maravillosos trazos. Casi he acabado la imagen, pero hay algo que falla, alzo la cabeza para ver que es, pero no es eso en lo que me fijo.

Siempre he adorado a los lobos, emiten hermosos sonidos que resquebrajan las más plácidas noches de luna llena. Todos lo saben pero… ¿por qué lo hacen? ¿Es a propósito? Preguntas sin respuesta que solo nos las podrían contestar ellos mismos si tuvieran esa capacidad. Porque… ¿acaso es el amor consciente? No, es un sentimiento que te inunda, te vuelve loco y te hace mejor persona. Llega cuando él quiere y no puedes hacer nada para evitarlo. Es como una herida que no puedes cerrar o una astilla profundamente clavada. Puede darte todo y quitártelo en un solo instante. No eres consciente del efecto absorbente que posee hasta que lo sientes en tus propias carnes. La luna y su magnetismo mantienen una unión irrompible con la Tierra, que sirve como canal entre los enamorados que están lejos. Así que a lo mejor por eso aúlla el lobo a la luna, porque ve a su amada reflejada en ella. Admiro esto de los lobos, pueden soportar la distancia…Pero nunca había visto a un lobo físicamente, hasta ahora.