domingo, 18 de agosto de 2013

Capítulo 10

*Narra Eric*
Hugo acababa de mandarme un mensaje, ella había despertado. Cogí la cazadora y le dije a mi madre que iba a verlos al hospital. Tardé menos de media hora en llegar, y me encaminé a su habitación.
La puerta estaba entre abierta, la abrí y al entrar comprobé que ambos estaban sumidos en un profundo sueño. Dormidos hasta se parecían más aún y mi incertidumbre se hacía más grande.
Siempre había sentido algo por Aixa, era más que una cara y cuerpo bonitos. Tenía esa personalidad que te hacía sobrevivir a lo imposible y disfrutar de la vida. Pero nunca me había atrevido a decírselo a nadie. Pero, ya unos meses atrás mi mente había empezado a sentirse confusa, y había empezado a ver en Hugo todo lo que me atraía de ella. No sabía si era que estaba empezando a gustarme de una forma amorosa o era simplemente cariño de mejores amigos.
Nunca me había sentido atraído por un hombre. Siempre había salido con chicas, y no como Aixa, sino chicas fáciles para tratar de apartarla de mi mente porque ella era la hermana de mi mejor amigo, y no podía ser.
Pero últimamente solo podía pensar en ellos, sin poder aclarar cuál de los dos era por el que realmente me sentía como flotando en el aire.
Mi primer instinto fue ir hasta la camilla a ver a Aixa, que era el motivo por el que nos encontrábamos aquí. Estaba, sinceramente, hecha una pena. Me quedé mirándola fijamente hasta que sentí una voz a mi espalda.
-          Eric, ¿Qué haces aquí a estas horas?
*Narra Hugo*
Me desperté y al abrir los ojos comprobé que ya no estaba solo con mi hermana en la habitación. Eric estaba allí de pie a su lado, sin hacer ningún movimiento perceptible a mi vista. Miré el reloj y eran las cinco menos veinte de la mañana. Le había mandado el mensaje a las cuatro pero nunca pensé que fuera a venir. Yo debí quedarme dormido poco después de que Aixa volviera a dormirse cuando los médicos la estabilizaron y se fueron.
-          Eric, ¿Qué haces aquí a estas horas?
-          Creo que necesitas un descanso, ve a casa y pasa la noche, yo me quedó con ella.
-          No, no puedo, tengo que quedarme.
-          No tío, llevas aquí tres días, ve a casa, no le va a pasar nada, está rodeada de médicos. Y si  se ha despertado es que muy mal no puede estar, ¿no crees?
-          Supongo que tienes razón…
Me levanté y me dirigí hacia la puerta. Antes de salir, me giré y lo miré directamente:
-          Todo esto es culpa mía, por dejarla sola, si vuelve a pasarle algo no podré perdonármelo en la vida.
-          La cuidaré, descansa.

Me fui para casa, pero antes de meterme en cama, me di cuenta de un detalle en el que no me había fijado. Los médicos había dicho que la pierna de Aixa ya estaba cosida cando llegamos al hospital… ¿Quién habría podido hacerlo?

sábado, 17 de agosto de 2013

Capítulo 9

*Narra Hugo*
Era la tercera noche que Aixa pasaba en el hospital. Los médicos creían que no se despertaba porque su cuerpo estaba intentando asimilar la transfusión de sangre que tuvieron que hacerle porque su organismo se veía incapacitado de renovar la suya propia. Recuerdo la conversación perfectamente:
“El médico se acerca al lugar donde mi madre y yo esperamos el veredicto.
-          Buenas noches, su hija ha llegado aquí con varios cortes profundos en la pierna izquierda, el tobillo fracturado y una gran falta de sangre. Los cortes estaban cosidos ya pero no de forma profesional ni con hilo resistente. ¿como ha ocurrido esto?
-          Señor, yo he encontrado a mi hermana en el bosque inconsciente. La llevé a casa donde acababa de llegar mi madre, y no recuperó la consciencia en ningún momento, por lo que no sabemos qué es lo que pasó.
-          De acuerdo, entonces debemos esperar a que ella despierte.
-          ¿Y eso cuando va a ser?- mi madre estaba muy preocupada, aunque ella intentara disimularlo, yo lo había notado, igual que cuando murió mi padre…
-          Tuvimos la necesidad de realizar una transfusión, asique depende del tiempo que necesite para asimilarla.
Después  de decir esto el médico nos dejó allí, esperando.”
Era la tercera noche que pasaba en vela al lado de mi hermana. Había conseguido que nuestra madre fuera a pasar la noche a casa de la abuela ya que los médicos no creían que fuera a despertarse hoy.
Así que ahí estaba yo, en su habitación, observando cómo su pelo rubio se extendía en la cama, su tez aún estaba más pálida bajo las luces del hospital y no dejaba de mirar como sus párpados permanecían cerrados.
De repente la máquina a la que estaba conectada Aixa empezó a pitar de forma estruendosa. No tuve que salir al pasillo a llamar a los médicos, porque en cuestión de tres segundos llegaron allí dos médicos y tres enfermeras, dos de ellas traían el carrito de paradas.
-          Chico, sal de aquí.
No les hice caso, me mantuve en aquel sillón paralizado, sin poder moverme un centímetro tan siquiera. Pero estaban tan dedicados a ella que no se percataron de que seguía en la habitación.
-          Ha dejado de respirar, preparar la carga, esta chica tiene que seguir viva- el médico estaba convencido de que iba a salir bien, le cogió la cara a mi hermana y la miró- Aixa, ¿me oyes?, todo va a salir bien pequeña.
Una de las enfermeras le pasó las palas al médico mientras la otra le despejaba el pecho a mi Aixa. Cuando las palas estaban a escasos centímetros, sucedió algo que ninguno de los presentes habíamos esperado que ocurriera.
*Narra Aixa*
Las imágenes de lo acontecido estos dos últimos días se repetían en mi cabeza sin tregua. El lobo…esos ojos…ese chico misterioso…Estaba reviviendo los hechos, ya era la cuarta o quinta vez que lo hacía. Pero esta vez sentí como me iba quedando más y más sin aire. Miré alrededor, estaba en el bosque, sola. La pérdida de aire  estaba haciendo que me desplomara.

Noté un impulso y de repente sentí que mi torso se elevaba, mi boca se abría para coger aire y mis ojos se abrieron ante la sorpresa de los presentes.

domingo, 11 de agosto de 2013

Capítulo 8

*Narra Nathan*
Ya había acabado de curarla, pero seguía hundida en un profundo sueño. Tenía que aprovechar el momento y librarme de ella por que tendrá muchas preguntas que no puedo ni debo contestar.
La agarro con cuidado y me encamino al sitio en el la vi por primera vez, aquella vez  en la que estuve tan tentado de acercarme, que había pasado una desgracia.
Casi estábamos allí cuando oí una rama crujir, y no era un sonido animal. No podía arriesgarme a que me encontraran. La dejé con cuidado donde la había encontrado antes y me escondí entre la maleza. Al momento escuché un grito:
-          Princesa,¿estás bien?- un chico llegó a su lado y por el apodo cariñoso supuse que eran más que meros conocidos- Aixa respóndeme por favor- se había agachado a su lado y al comprobar que no había respuesta le estaba dando palmaditas en la cara.
Ella no despertaba, pero se veía que estaba en manos de alguien apropiado, por lo que decidí irme a casa aunque no era lo que realmente deseaba.
 Todo esto es culpa mía, nunca debí acercarme a ella…
*Narra Hugo*
No paro de zarandearla pero no se despierta. Hay marcas de sangre por su ropa lo que demuestra que algo le pasa. La cojo en brazos e intento correr hacia casa.
No creo que haya intentado suicidarse, no había ningún objeto que delatase este hecho. Ademas había un detalle raro en como la había encontrado, estaba como posada en la hierba… no puedo darle más vueltas, casi estoy en casa, y visualizo las luces del coche de mi madre por el camino.
Corro para que me vea y pare el coche. Y lo hace cuando me ve con Aixa en los brazos.
-          Mamá, vamos al hospital por favor- al darme cuenta de lo que estoy diciendo me doy cuenta de la situación y siento una lágrima resbalar por mi mejilla
-          Date prisa, ya hablaremos, métela en el coche.
Me abre la puerta de atrás y la tumbo a lo largo pero levanto su cabeza y me siento debajo dejándola reposar en mis piernas.Según vamos llegando al hospital no dejo de acariciarla y de decirle que todo va a salir bien aunque ella no me escuche.
Llegamos al hospital y un celador me pide que la deje en la camilla mientras mi madre corre a cubrir los papeles. Mientras lo hace, se acercan para llevársela.
-          Por favor, dejarme ir con ella…-me temblaba la voz
-          Lo siento chico, tienes que quedarte aquí.
Veo como desaparecen a través de una puerta y siento que mi corazón se va con ella. Me doy la vuelta y voy hacia mi madre, la abrazo y sin poder remediarlo, rompo a llorar.
-          Tranquilo pequeño, va a estar bien…- pero ella sabía que Aixa llevaba meses sin estar bien y que ni un psicólogo había sido capaz de ayudarla.

Ahora solo quedaba esperar y cada segundo se hacía eterno.

Capítulo 7

*Narra Hugo*
Eric acababa de irse. Habíamos estado todo el resto del día jugando a la play, exceptuando la pausa para comer y merendar. Pero Aixa no había dado señales de vida. Entre que Eric estaba aquí y ella no quería que yo me acercara, pues no me atreví a subir el tramo de escaleras que me separaban de su habitación.
Ahora era distinto, estaba solo. Mi madre aún tardaría dos horas en llegar desde casa de la abuela, así que decido subir a pesar de que Aixa no quiere ser ayudada y me rechaza.
El ``mal presentimiento´´ estaba ahí otra vez, por lo que empecé a correr escaleras arriba de dos en dos. Llegué a su habitación, abrí la puerta, pero, no hay nadie, y siento que el corazón se me para…
*Narra Aixa*
- ¡¡¡¡AAAAAAAAH!!!!
Ese grito surgió de mis entrañas como extraña manera de sacarme del sueño en el que había estado encerrada. Estaba en un sitio desconocido, no me sonaba absolutamente de nada.
 Pero allí estaba él, aquel extraño que me estaba salvando la vida. Estaba cosiéndome ese corte que se había abierto. Volví a gritar, pero esta vez con más intensidad de la que había pretendido, podría haberlo dejado sordo…
Pero dejó la aguja a un lado, me miró con cara de culpabilidad y se levantó.  El dolor era insoportable y sentía como si la aguja aún siguiera atravesando mi piel. No tardó mucho en volver, aunque a mí me parecieran siglos, y en sus manos traían un vaso.
-          Bebe, hará desaparecer el dolor- e intentó reconfortarme con una sonrisa de medio lado.
Me bebí aquello. ¿Acaso tenía otra  opción? Me dejó un regusto amargo y mis parpados empezaron a cerrarse otra vez. Saqué fuerzas de mi interior y pregunté:
-          ¿Cómo…te…llamas…?
-          Nathan.
*Narra Hugo*
Si le ha pasado algo no podré perdonármelo. Ni me di cuenta de que no estaba. Quieto Hugo, respira…intenta encontrarla.
Miro alrededor y observó que falta la cámara. Puede que sepa dónde está, solo le gusta sacar fotos en un sitio, y por mucho que le pese, ambos sabemos cuál es.
Entro en mi habitación y me cambio a ropa deportiva, me ato los cordones fuerte y echo a correr en dirección al bosque antes de que oscurezca. Llego allí antes de lo que había pensado. No está, pero decido dar una vuelta por los alrededores por si estuviera sacando fotos. Realizo la circunferencia con un radio de 30 metros desde el punto de referencia, y lo hago lentamente para no perder ningún detalle.

Necesitaba encontrarla.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Capítulo 6

No puedo dejar de mirarlo a medida que se encamina hacia mí. Esos ojos son de un azul que me hipnotiza y no me permite apartar la mirada. Pensé en eso que suelen decir de que los animales tienen más miedo de ti que tu de ellos. Pero este no parecía que lo tuviera.
Sorprendentemente llegó a mí y se tumbó a mi lado apoyando su cabeza en mi pierna derecha. No me atreví a mover ni un músculo. No entendía que estaba pasando. ¿Por que la conducta de este animal era tan extraña? Miré hacia abajo, su cabeza seguía allí el único movimiento que había en su cuerpo era el ligero movimiento al respirar.
Un dolor intenso me recorrió la pierna, acerqué mi mano lentamente a la herida y horrorizada comprobé que se había abierto y la sangre no dejaba de fluir. El lobo también se percató de este detalle, se levantó y echo a correr en la misma dirección que aquel día. Antes de desparecer, se giró, me miró y me dedicó un aullido quejumbroso.
Era el segundo día que perdía tanta sangre, y a mi organismo no le había dado tiempo a regenerar la sangre perdida en las distintas hemorragias. Y otra vez, mi cabeza empezó a dar vueltas. Hice lo que pude para cambiar la posición y tumbarme para así ralentizar la perdida sanguínea y apaciguar el mareo. Cerré los ojos.
No había perdido el conocimiento, aún percibía el poco aire que había moviéndose entre las hojas, el piar de los pajaritos que quizás esperaban a su madre para la hora de comer…
Escuché unos pasos apresurados que se dirigían hacia donde yo estaba. Como si intentaban desesperadamente llegar hasta mí. Nadie solía venir por aquí. El único que sabe que este es mi sitio predilecto es Hugo, pero aunque se hubiera preocupado por mí en casa, no creo que se haya dado cuenta de que no estoy.
Los pasos ya habían cesado y sentí a alguien arrodillarse a mi lado y cogerme en brazos, y empezar a andar. Tenía miedo, no sabía si abrir los ojos. ¿Quién será y porqué se toma tantas libertades conmigo?
Cada vez el dolor era más intenso y desmesurado. No podía huir. Abrí los ojos.
-          Tranquila preciosa, vas a estar bien.
Había sentido mi miraba y me la devolvió sin dejar de caminar.
-          ¿Quién….? ¿Quién…eres?
-          Shhh…cierra los ojos…

No sabía porque, pero me fié de él y los volví a cerrar. ¿Quién era este individuo? ¿Qué hacía por aquí justo en este preciso momento? Sentí mi consciencia abandonándome, a mi cabeza vinieron unos ojos azules, después todo se volvió negro.