miércoles, 7 de agosto de 2013

Capítulo 6

No puedo dejar de mirarlo a medida que se encamina hacia mí. Esos ojos son de un azul que me hipnotiza y no me permite apartar la mirada. Pensé en eso que suelen decir de que los animales tienen más miedo de ti que tu de ellos. Pero este no parecía que lo tuviera.
Sorprendentemente llegó a mí y se tumbó a mi lado apoyando su cabeza en mi pierna derecha. No me atreví a mover ni un músculo. No entendía que estaba pasando. ¿Por que la conducta de este animal era tan extraña? Miré hacia abajo, su cabeza seguía allí el único movimiento que había en su cuerpo era el ligero movimiento al respirar.
Un dolor intenso me recorrió la pierna, acerqué mi mano lentamente a la herida y horrorizada comprobé que se había abierto y la sangre no dejaba de fluir. El lobo también se percató de este detalle, se levantó y echo a correr en la misma dirección que aquel día. Antes de desparecer, se giró, me miró y me dedicó un aullido quejumbroso.
Era el segundo día que perdía tanta sangre, y a mi organismo no le había dado tiempo a regenerar la sangre perdida en las distintas hemorragias. Y otra vez, mi cabeza empezó a dar vueltas. Hice lo que pude para cambiar la posición y tumbarme para así ralentizar la perdida sanguínea y apaciguar el mareo. Cerré los ojos.
No había perdido el conocimiento, aún percibía el poco aire que había moviéndose entre las hojas, el piar de los pajaritos que quizás esperaban a su madre para la hora de comer…
Escuché unos pasos apresurados que se dirigían hacia donde yo estaba. Como si intentaban desesperadamente llegar hasta mí. Nadie solía venir por aquí. El único que sabe que este es mi sitio predilecto es Hugo, pero aunque se hubiera preocupado por mí en casa, no creo que se haya dado cuenta de que no estoy.
Los pasos ya habían cesado y sentí a alguien arrodillarse a mi lado y cogerme en brazos, y empezar a andar. Tenía miedo, no sabía si abrir los ojos. ¿Quién será y porqué se toma tantas libertades conmigo?
Cada vez el dolor era más intenso y desmesurado. No podía huir. Abrí los ojos.
-          Tranquila preciosa, vas a estar bien.
Había sentido mi miraba y me la devolvió sin dejar de caminar.
-          ¿Quién….? ¿Quién…eres?
-          Shhh…cierra los ojos…

No sabía porque, pero me fié de él y los volví a cerrar. ¿Quién era este individuo? ¿Qué hacía por aquí justo en este preciso momento? Sentí mi consciencia abandonándome, a mi cabeza vinieron unos ojos azules, después todo se volvió negro.

1 comentario:

  1. Me encanta esta historia,estoy enganchadísima,estoy deseando saber como acaba :)

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