sábado, 17 de agosto de 2013

Capítulo 9

*Narra Hugo*
Era la tercera noche que Aixa pasaba en el hospital. Los médicos creían que no se despertaba porque su cuerpo estaba intentando asimilar la transfusión de sangre que tuvieron que hacerle porque su organismo se veía incapacitado de renovar la suya propia. Recuerdo la conversación perfectamente:
“El médico se acerca al lugar donde mi madre y yo esperamos el veredicto.
-          Buenas noches, su hija ha llegado aquí con varios cortes profundos en la pierna izquierda, el tobillo fracturado y una gran falta de sangre. Los cortes estaban cosidos ya pero no de forma profesional ni con hilo resistente. ¿como ha ocurrido esto?
-          Señor, yo he encontrado a mi hermana en el bosque inconsciente. La llevé a casa donde acababa de llegar mi madre, y no recuperó la consciencia en ningún momento, por lo que no sabemos qué es lo que pasó.
-          De acuerdo, entonces debemos esperar a que ella despierte.
-          ¿Y eso cuando va a ser?- mi madre estaba muy preocupada, aunque ella intentara disimularlo, yo lo había notado, igual que cuando murió mi padre…
-          Tuvimos la necesidad de realizar una transfusión, asique depende del tiempo que necesite para asimilarla.
Después  de decir esto el médico nos dejó allí, esperando.”
Era la tercera noche que pasaba en vela al lado de mi hermana. Había conseguido que nuestra madre fuera a pasar la noche a casa de la abuela ya que los médicos no creían que fuera a despertarse hoy.
Así que ahí estaba yo, en su habitación, observando cómo su pelo rubio se extendía en la cama, su tez aún estaba más pálida bajo las luces del hospital y no dejaba de mirar como sus párpados permanecían cerrados.
De repente la máquina a la que estaba conectada Aixa empezó a pitar de forma estruendosa. No tuve que salir al pasillo a llamar a los médicos, porque en cuestión de tres segundos llegaron allí dos médicos y tres enfermeras, dos de ellas traían el carrito de paradas.
-          Chico, sal de aquí.
No les hice caso, me mantuve en aquel sillón paralizado, sin poder moverme un centímetro tan siquiera. Pero estaban tan dedicados a ella que no se percataron de que seguía en la habitación.
-          Ha dejado de respirar, preparar la carga, esta chica tiene que seguir viva- el médico estaba convencido de que iba a salir bien, le cogió la cara a mi hermana y la miró- Aixa, ¿me oyes?, todo va a salir bien pequeña.
Una de las enfermeras le pasó las palas al médico mientras la otra le despejaba el pecho a mi Aixa. Cuando las palas estaban a escasos centímetros, sucedió algo que ninguno de los presentes habíamos esperado que ocurriera.
*Narra Aixa*
Las imágenes de lo acontecido estos dos últimos días se repetían en mi cabeza sin tregua. El lobo…esos ojos…ese chico misterioso…Estaba reviviendo los hechos, ya era la cuarta o quinta vez que lo hacía. Pero esta vez sentí como me iba quedando más y más sin aire. Miré alrededor, estaba en el bosque, sola. La pérdida de aire  estaba haciendo que me desplomara.

Noté un impulso y de repente sentí que mi torso se elevaba, mi boca se abría para coger aire y mis ojos se abrieron ante la sorpresa de los presentes.

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