*Narra Hugo*
Era la tercera noche que Aixa pasaba en el
hospital. Los médicos creían que no se despertaba porque su cuerpo estaba
intentando asimilar la transfusión de sangre que tuvieron que hacerle porque su
organismo se veía incapacitado de renovar la suya propia. Recuerdo la
conversación perfectamente:
“El
médico se acerca al lugar donde mi madre y yo esperamos el veredicto.
-
Buenas
noches, su hija ha llegado aquí con varios cortes profundos en la pierna
izquierda, el tobillo fracturado y una gran falta de sangre. Los cortes estaban
cosidos ya pero no de forma profesional ni con hilo resistente. ¿como ha
ocurrido esto?
-
Señor, yo
he encontrado a mi hermana en el bosque inconsciente. La llevé a casa donde
acababa de llegar mi madre, y no recuperó la consciencia en ningún momento, por
lo que no sabemos qué es lo que pasó.
-
De
acuerdo, entonces debemos esperar a que ella despierte.
-
¿Y eso
cuando va a ser?- mi madre estaba muy preocupada, aunque ella intentara
disimularlo, yo lo había notado, igual que cuando murió mi padre…
-
Tuvimos la
necesidad de realizar una transfusión, asique depende del tiempo que necesite
para asimilarla.
Después de decir esto el médico nos dejó allí,
esperando.”
Era la tercera noche que pasaba en vela al
lado de mi hermana. Había conseguido que nuestra madre fuera a pasar la noche a
casa de la abuela ya que los médicos no creían que fuera a despertarse hoy.
Así que ahí estaba yo, en su habitación,
observando cómo su pelo rubio se extendía en la cama, su tez aún estaba más
pálida bajo las luces del hospital y no dejaba de mirar como sus párpados
permanecían cerrados.
De repente la máquina a la que estaba
conectada Aixa empezó a pitar de forma estruendosa. No tuve que salir al
pasillo a llamar a los médicos, porque en cuestión de tres segundos llegaron
allí dos médicos y tres enfermeras, dos de ellas traían el carrito de paradas.
-
Chico, sal de aquí.
No les hice caso, me mantuve en aquel sillón
paralizado, sin poder moverme un centímetro tan siquiera. Pero estaban tan
dedicados a ella que no se percataron de que seguía en la habitación.
-
Ha dejado de respirar, preparar la carga, esta
chica tiene que seguir viva- el médico estaba convencido de que iba a salir
bien, le cogió la cara a mi hermana y la miró- Aixa, ¿me oyes?, todo va a salir
bien pequeña.
Una de las enfermeras le pasó las palas al
médico mientras la otra le despejaba el pecho a mi Aixa. Cuando las palas
estaban a escasos centímetros, sucedió algo que ninguno de los presentes
habíamos esperado que ocurriera.
*Narra Aixa*
Las imágenes de lo acontecido estos dos
últimos días se repetían en mi cabeza sin tregua. El lobo…esos ojos…ese chico
misterioso…Estaba reviviendo los hechos, ya era la cuarta o quinta vez que lo
hacía. Pero esta vez sentí como me iba quedando más y más sin aire. Miré
alrededor, estaba en el bosque, sola. La pérdida de aire estaba haciendo que me desplomara.
Noté un impulso y de repente sentí que mi
torso se elevaba, mi boca se abría para coger aire y mis ojos se abrieron ante
la sorpresa de los presentes.
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