domingo, 11 de agosto de 2013

Capítulo 8

*Narra Nathan*
Ya había acabado de curarla, pero seguía hundida en un profundo sueño. Tenía que aprovechar el momento y librarme de ella por que tendrá muchas preguntas que no puedo ni debo contestar.
La agarro con cuidado y me encamino al sitio en el la vi por primera vez, aquella vez  en la que estuve tan tentado de acercarme, que había pasado una desgracia.
Casi estábamos allí cuando oí una rama crujir, y no era un sonido animal. No podía arriesgarme a que me encontraran. La dejé con cuidado donde la había encontrado antes y me escondí entre la maleza. Al momento escuché un grito:
-          Princesa,¿estás bien?- un chico llegó a su lado y por el apodo cariñoso supuse que eran más que meros conocidos- Aixa respóndeme por favor- se había agachado a su lado y al comprobar que no había respuesta le estaba dando palmaditas en la cara.
Ella no despertaba, pero se veía que estaba en manos de alguien apropiado, por lo que decidí irme a casa aunque no era lo que realmente deseaba.
 Todo esto es culpa mía, nunca debí acercarme a ella…
*Narra Hugo*
No paro de zarandearla pero no se despierta. Hay marcas de sangre por su ropa lo que demuestra que algo le pasa. La cojo en brazos e intento correr hacia casa.
No creo que haya intentado suicidarse, no había ningún objeto que delatase este hecho. Ademas había un detalle raro en como la había encontrado, estaba como posada en la hierba… no puedo darle más vueltas, casi estoy en casa, y visualizo las luces del coche de mi madre por el camino.
Corro para que me vea y pare el coche. Y lo hace cuando me ve con Aixa en los brazos.
-          Mamá, vamos al hospital por favor- al darme cuenta de lo que estoy diciendo me doy cuenta de la situación y siento una lágrima resbalar por mi mejilla
-          Date prisa, ya hablaremos, métela en el coche.
Me abre la puerta de atrás y la tumbo a lo largo pero levanto su cabeza y me siento debajo dejándola reposar en mis piernas.Según vamos llegando al hospital no dejo de acariciarla y de decirle que todo va a salir bien aunque ella no me escuche.
Llegamos al hospital y un celador me pide que la deje en la camilla mientras mi madre corre a cubrir los papeles. Mientras lo hace, se acercan para llevársela.
-          Por favor, dejarme ir con ella…-me temblaba la voz
-          Lo siento chico, tienes que quedarte aquí.
Veo como desaparecen a través de una puerta y siento que mi corazón se va con ella. Me doy la vuelta y voy hacia mi madre, la abrazo y sin poder remediarlo, rompo a llorar.
-          Tranquilo pequeño, va a estar bien…- pero ella sabía que Aixa llevaba meses sin estar bien y que ni un psicólogo había sido capaz de ayudarla.

Ahora solo quedaba esperar y cada segundo se hacía eterno.

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