*Narra Aixa*
Llevo más de dos horas despierta. No soy
capaz de volver a coger el sueño. Cuando abrí los ojos estaba girada hacia la
ventana, y sentía otra respiración a mi espalda, por lo que decido darme la
vuelta y ver de quien se trata.
Cuando veo a Eric no puedo dejar de
sentir sorpresa, y más aún cuando compruebo que no esta dormido y me mira
fijamente.
-
Hola princesa, ¿como te
encuentras?
-
Yo…no lo sé sinceramente,
siento como si un camión se hubiera dedicado a pasar por encima de mi cuerpo
repetidas e interminables veces.
Se levanta y se acerca a mi cama. Hacia mucho
tiempo que no fijaba en él. Ya había pasado la etapa de la temprana
adolescencia donde el único chico en el que me fijaba era casualmente el mejor
amigo de mi hermano. Esto me duró hasta que me di cuenta de que no era más que
un gilipollas que jugaba con todas las chicas con las que estaba.
Pero aunque no sentía más que odio por él,
era atractivo y sus ojos eran casi tan hipnotizantes como los del lobo.
El lobo... ¿Que habrá sido de ese
majestuoso animal? Pero Eric no me deja seguir pensando en esto.
-
Mmm…¿y puedo hacer algo para
que te sientas mejor?
-
No lo creo Eric… quiero ver a
Hugo, conociéndolo se sentirá culpable, y él no tiene la culpa de nada…
-
Sssh….tu lo que deberías es
descansar- alza su mano y sus dedos recorren mi mejilla con suavidad. Sus ojos
se van posando en distintas partes de mi cara hasta quedarse en mis labios.
No podía creerme lo que estaba pasando. Su
boca empezaba a acercarse a la mía lentamente hasta que nuestros labios se
juntaron en un ligero beso, un mero roce.
-
Yo cuidaré de ti, no te
preocupes,duerme…
Volvió a sentarse en la silla y yo volví
a la postura en la que me encontraba antes,pero no quiero dormir. No entiendo
que acaba de pasar,¿a que venía esto? Mi cabeza estaba confusa y no sabía que
pensar…
Escucho y noto que su respiración se ha
hecho más acompasada, creo que se ha dormido. Pasan diez, veinte, cuarenta
minutos y aun sigo despierta. Y es cuando noto otra respiración distinta a la
de Eric. No hace falta que me gire, ante mí aparecen esos ojos tan magnéticos.
-
Estás viva- lo dijo con una
sonrisa en la cara- ¿te acuerdas de mi?
-
Vagamente…¿tu nombre era
Nathan?
-
Si. Estaba muy preocupado por
ti…la segunda vez no pude hacer nada por ti. Todo esto es mi culpa, no deberías
estar en el hospital…lo siento… debería irme y dejarte descansar.
-
No…yo…quédate…
-
Lo siento-posa sus labios en
mi frente de forma fugaz como un padre que arropa a su hija y se va.
Nathan,ese era su nombre y por fin lo
decía en voz alta. Me siento confusa,este chico a dejado en mi mucha más huella
que ese beso robado,lo que no tiene sentido.
Solo sé,que necesito volver a verle.