viernes, 26 de julio de 2013

Capítulo 3

``Bounce, make it, make it bounce (x3) 
    Shake it, break it, make it bounce
    Bounce, make it bounce (x3)
    Shake it, break it, make it bounce
    Oh-oh-oh-oh (repeat)
    Make it bounce
    Oh-oh-oh-oh (repeat) ´´
Abro los ojos, es mi despertador. Miro alrededor, estoy en casa, en mi habitación. Aparto la sábana y compruebo que no hay ni una sola marca en mi cuerpo, ni siquiera me duele, ¿habrá sido tan solo un sueño? Aparentemente es así porque estoy ilesa.
Me levanto de la cama y me ducho, me visto y bajo a desayunar con la mochila. Son las siete y media por lo que me queda un cuarto de hora para ir a la parada del autobús.  Me cojo una manzana y empiezo a comerla lentamente. Cuando acabo me lavo los dientes, cojo las cosas y me voy.
No sé si mi hermano se ha levantado pero paso de preocuparme de él, tenemos 16 años y creo que ya somos lo bastante mayores para levantarnos solos. No quiero llegar tarde por su culpa. Nunca me ha gustado tener un gemelo.
Llego a la parada y Hugo no está allí. O llegará tarde al instituto o simplemente no irá. Ya estoy sentada en el bus y aún no apareció. En los veinte minutos de trayecto no dejó de pensar en ellos, los que decían que eran mis amigos.
Confusión, frustración… ¿Cómo consigo librarme de esos sentimientos dañinos? Me siento caer por un pozo sin fin, hasta lo más hondo y profundo del inframundo. Cada vez me voy hundiendo más en la desesperación, en el temor de no poder volver a levantar cabeza. Mientras, sigo mostrándome ante ellos con la misma sonrisa que cuando éramos amigos, cuando nada podía separarnos. ¿Acaso no puedo yo hacer lo mismo que ellos? ¿No puedo actuar falsamente para conseguir mis propósitos? ¿No puedo destruir sus sueños y esperanzas? ¿Su capacidad de pensar que todo podría volver a ser como antes? No comprendo que es lo que pasó. Siempre he sido yo misma, nunca he sentido la necesidad de ir robando pedacitos de la personalidad de mis amigos para formar la mía propia. Soy diferente, hasta podría decirse rara. Pero no me importa, no pienso cambiar por gente que no lo merece. Gente, que no se ha molestado lo más mínimo en seguir nuestra amistad. Yo habría ido al fin del mundo por salvar sus vidas. Ahora, me doy cuenta de que, de haber sido así, habría dado mi propia vida en vano por gente mentirosa y traidora.
Ya llegamos al instituto y oigo que alguien me llama:
-          ¡Aixa! – me giro intentando buscar a quien me llama- ¿No crees que ya son horas de levantarse?

Abro los ojos, estaba en mi cama, y mi madre me estaba viendo desde el marco de la puerta.
-             Si mamá, ahora me levanto…
-              Es que por mucho que sea verano no te tienes que quedar hasta la tarde en la cama.
-              Que sí…

Se va. Intento levantarme, pero hay algo nuevo en este despertar. Al apartar la sábana compruebo que tengo el cuerpo lleno de moratones, un corte  cosido en el muslo y el pie fuertemente vendado… Todo había sido verdad, y lo más importante, sigo viva.

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