Miro a mi alrededor asustada, me incorporó y voy hasta la
puerta a duras penas, la cierro y giro la llave. No recuerdo haber vuelto ayer
a casa. En realidad lo único que pasa por mi mente son esos ojos lobunos y el
contacto humano de aquellos brazos. Pero no entiendo si hay relación entre
ambas cosas. Me estoy volviendo loca.
Busco mis cosas, allí estaban mi bolso, me acerco y miro si
me falta algo. Están mi cámara, mi cuaderno, el lápiz, pero… ¿Dónde está mi móvil?
Voy a la silla donde está mi ropa de ayer perfectamente doblada, busco en los
bolsillos, pero allí tampoco está.
Me pongo unos leggins, una sudadera y unas converse y bajo a
buscarlo. Me dejo el pelo suelto para esconder las marcas que tengo en la cara
lo máximo posible. Mi hermano está sentado en el sofá como siempre mirando la
tele e indudablemente junto a él está su mejor amigo Eric.
-
Hola chicos… Hugo, ¿donde está mamá?
-
Dijo… que se iba todo el día con la abuela.
Di por terminada la conversación con él. Muchas cosas habían
cambiado este año entre nosotros… empecé a buscar mi móvil por la cocina, salí
al porche y tampoco estaba, fui hasta la camita de mi gata y nada. Solo quedaba
el salón. Volví a entrar allí y busqué por las estanterías, los cajones… y
nada. Me falta ver en los cajones bajo la tele y en el sofá. Aprovecho que está
distraídos hablando de… ¿fútbol? ¡Qué raro en ellos! Me agacho a ver en los
cajones y empiezo a rebuscar.
-
Chaval, ¿desde cuándo está tan buena?
-
Eric, tíooo…es mi hermana, búscate a otra
sirenita… ¿Aixa que buscas?
-
Nada…mi móvil – me giré – por cierto, ¿lo viste?
¿sabes cómo llegué a casa?
Me senté a su lado en el sofá, Eric no dejaba de mirarme, me
estaba empezando a sentir incómoda.
-
No fea, me fui pronto para cama, estaba cansado
del gimnasio.
-
Cierto, me olvidaba de que pretendes ser uno de
esos chicos que son más músculos que cerebro.
-
Miau, la gatita araña…- odiaba a Eric con esos
comentarios suyos, es uno de los chicos más misóginos que conozco. Nos conocemos
los tres desde siempre, pero pronto me dejaron de lado.
-
Me voy al porche, pasarlo bien.
Salí fuera y me senté en el borde del porche, estiré la
pierna mala y de repente eché a llorar. No sabía cómo había llegado a casa, ni
quien me había cosido y vendado. Tampoco sabía si el lobo tenía buenas
intenciones, o si eran malas y esa persona cuya identidad desconozco me había
salvado la vida. Necesitaba respuestas. Pero antes quería llorar un poco para
mitigar la frustración.
Oí unos pasos por detrás de mí. Y sentí unos brazos que me
abrazaban fuerte. Levanté la cabeza y ahí estaba el ser que casi nunca fallaba
cuando yo rompía a llorar, el odioso de mi hermano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario